LMP: Recordando a Héctor Espino en su natalicio

6 de junio de 1939: nacimiento de Héctor Espino en la colonia Dale de la ciudad de Chihuahua.


Nuestros respetos y gran admiración a través del tiempo.

 

Y es que estamos hablando del más grande bateador que ha surgido hasta hoy en el béisbol mexicano; un pelotero que trascendió fronteras.

 

Un héroe de la pelota mexicana y del Caribe.

 

Incluso, con fuerte impacto en 1964 a nivel Triple A, en la sucursal de los Cardenales de San Luis, los Soles de Jacksonville de la Liga Internacional, donde en 32 partidos dio tres jonrones, seis dobles, produjo 15 y promedió .300.

 

Fue el cuarto de ocho hijos de un transportista de materiales de construcción, desarrollando su infancia en un ambiente propicio para jugar béisbol, al lado de sus hermanos, precisamente en los campos llaneros de su barrio.

 

Se sabe que en los inicios de los años 50 los jóvenes de ese sector de la capital del Estado Grande jugaban en campos llaneros ubicados en aquella colonia, cuna de su nacimiento.

 

De niño, era “corre bolas” en los equipos donde veían acción sus hermanos, entre ellos Abel, el mayor de todos, quien veía que conforme crecía y practicaba, mostraba grandes cualidades para batear, lo que le hizo llegar a jugar en la segunda y primera fuerza donde mostraba su poder al bat, pegando frecuentemente ¡dos cuadrangulares por juego!

 

En esos días era ya la admiración de la afición del barrio y con más razón cuando una vez pegó tres jonrones y en otra, ¡cuatro en un juego!, curiosamente los que nunca logró en un partido en su trayectoria profesional.

 

A la pelota profesional

 

Así, llegó 1959 cuando el manager Memo Garibay impresionado por su poder en el béisbol amateur, lo firmó para que jugara con los Dorados de Chihuahua en lo que fue la Liga Nacional donde participaban Cd. Juárez, Durango y Aguascalientes.

 

Y fue precisamente contra los “Chileros” de Aguascalientes contra quienes debutó y en su primer turno ¡pegó cuadrangular!

 

Cuando Garibay fue llamado de nuevo por los Tigres del México para tomar la dirección, pretendió llevarse a Espino, pero al directiva no aceptó su propuesta.

 

Se repetía aquel capítulo cuando ya demostrando su enorme clase con Naranjeros en la Invernal de Sonora, el 10 de noviembre de 1961 el buscador cubano Corito Varona iba a pasarles la ficha técnica de Espino a los Tigres ¡y de nuevo no lo aceptaron!, argumentando que tenían material de sobra en una escuela de béisbol de la franquicia.

 

Intervención de Domingo Santana

 

Aquella temporada del 59 los Dorados se retiraron del circuito, pero cuando Aguascalientes visitó a Chihuahua el timón Domingo Santana se dio cuenta del talento y poder de Espino cuando les conectó un salvaje jonrón, por lo cual lo invitó para que jugara con Acámbaro, un circuito semi profesional en la Liga del Bajío.

 

A Santana se le conocía como “El Cerebro Mágico”, mote que años más tarde iba a tener Benjamín “Cananea” Reyes.

 

Para 1960, Santana se fue a dirigir a los Tuneros de SLP, sucursal de los Sultanes de Monterrey y por supuesto que se llevó al joven Espino al equipo donde en 68 juegos, demostró ser un diamante en bruto: promedió .368, con 20 jonrones, igual número de dobles y tres triples.

 

Domingo Santana no tardó en tomar una gran decisión: lo llevó ante Anuar Canavati, el magnate de Monterrey, quien en efecto, se interesó en sus servicios, pero sólo quería pagarle 1,500 pesos al mes, lo cual rechazó el de Chihuahua porque con los Tuneros ganaba 2,500.

 

Pero, vea qué cosa: al rechazar Espino la oferta, el “buen” Canavati lo castigó y no lo dejó continuar jugando con San Luis Potosí.

 

Su siguiente reto sería la Liga Invernal de Sonora.



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